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Aumentan las pensiones en Cuba
No se hablaba de otra cosa... En los hogares, en los parques, en las bodegas, la noticia fue acogida con gran beneplácito por toda la población cubana: la elevación de la cuantía de las pensiones de la seguridad social a partir del primero de mayo.
En su intervención del jueves 31 de marzo, el Presidente Fidel hizo un pormenorizado recuento de las medidas adoptadas por la Revolución en los últimos años para proteger a la población con leyes --como la de la maternidad de la trabajadora, que apenas tiene parangón en el mundo-- y principalmente, a los jubilados y pensionados, quienes años atrás fueron beneficiados con el aumento paulatino de la cuantía de sus prestaciones.
Refirió la profunda labor realizada por los trabajadores sociales en el estudio y atención de personas y familias con dificultades serias y desventajas sociales. Se planteó ayudarles, precisó Fidel, y si es necesario, buscar a alguien que participara en su atención directa, como ya se hace con el asistente social a domicilio.
Los aumentos de las pensiones abarcan al 97% de los beneficiarios de la seguridad social.
También todos los núcleos familiares protegidos por la asistencia social recibirán aumento en sus pensiones.
Estas decisiones se harán realidad con su entrada en vigor a partir del primero de mayo, pero las retribuciones se recibirán desde el 20 de abril, de acuerdo con los calendarios de pago previstos.
Otra de las medidas de gran impacto fue cuando Fidel recalcó que con los 43 mil núcleos detectados en todo el país que poseen serias dificultades económicas y sociales se adoptarán de inmediato las medidas pertinentes para atenderlos y resolver todos sus problemas.
Nuestro Estado nunca ha dejado de garantizar los recursos financieros para el pago a los jubilados pensionados, ante los cambios demográficos, el aumento de la esperanza de vida, las altas de beneficiarios de la seguridad social y las restricciones económicas.
Cuba basa este sistema en el aporte de las entidades al Presupuesto de la Seguridad Social, con equilibrio entre ingresos y gastos, sin reserva ni acumulación de capital ni privatización, como ocurre en otros países.
La política social de la Revolución, la disminución de la fecundidad y la mortalidad, y por tanto, el bajo ritmo de crecimiento influyen en la estructura de edades y ha propiciado un paulatino envejecimiento de su población.
Según los especialistas, en este año Cuba tendrá el 15% de su población con 60 ó más años, en el 2025 será el país más envejecido de América Latina y, según esta tendencia, para el 2050 estará entre los más longevos del mundo.
A lo anterior se une el ascenso de la esperanza de vida de los cubanos a partir de los 60 años y la expectativa de vida de las personas que cumplen 75 años es mayor a 10 años. Son los resultados de un cuidadoso y profundo sistema de salud que cubre gratuitamente a todos por igual y la mejoría de la calidad de vida.
La trascendencia de estas medidas y su impacto en la sociedad, no sólo tienen su valor en números ni en el lugar preferente que ocupa el presupuesto destinado por el Estado cubano para la seguridad social, sino también en el reconocimiento a quienes en su vida laboral aportaron su sudor y esfuerzo a la sociedad, y que en un buen porcentaje percibían pensiones de cuantía inferior.
Una vez más, la Revolución cubana muestra su defensa intransigente de la justicia, de los derechos más elementales y el absoluto respeto por el ser humano.
En su intervención del jueves 31 de marzo, el Presidente Fidel hizo un pormenorizado recuento de las medidas adoptadas por la Revolución en los últimos años para proteger a la población con leyes --como la de la maternidad de la trabajadora, que apenas tiene parangón en el mundo-- y principalmente, a los jubilados y pensionados, quienes años atrás fueron beneficiados con el aumento paulatino de la cuantía de sus prestaciones.
Refirió la profunda labor realizada por los trabajadores sociales en el estudio y atención de personas y familias con dificultades serias y desventajas sociales. Se planteó ayudarles, precisó Fidel, y si es necesario, buscar a alguien que participara en su atención directa, como ya se hace con el asistente social a domicilio.
Los aumentos de las pensiones abarcan al 97% de los beneficiarios de la seguridad social.
También todos los núcleos familiares protegidos por la asistencia social recibirán aumento en sus pensiones.
Estas decisiones se harán realidad con su entrada en vigor a partir del primero de mayo, pero las retribuciones se recibirán desde el 20 de abril, de acuerdo con los calendarios de pago previstos.
Otra de las medidas de gran impacto fue cuando Fidel recalcó que con los 43 mil núcleos detectados en todo el país que poseen serias dificultades económicas y sociales se adoptarán de inmediato las medidas pertinentes para atenderlos y resolver todos sus problemas.
Nuestro Estado nunca ha dejado de garantizar los recursos financieros para el pago a los jubilados pensionados, ante los cambios demográficos, el aumento de la esperanza de vida, las altas de beneficiarios de la seguridad social y las restricciones económicas.
Cuba basa este sistema en el aporte de las entidades al Presupuesto de la Seguridad Social, con equilibrio entre ingresos y gastos, sin reserva ni acumulación de capital ni privatización, como ocurre en otros países.
La política social de la Revolución, la disminución de la fecundidad y la mortalidad, y por tanto, el bajo ritmo de crecimiento influyen en la estructura de edades y ha propiciado un paulatino envejecimiento de su población.
Según los especialistas, en este año Cuba tendrá el 15% de su población con 60 ó más años, en el 2025 será el país más envejecido de América Latina y, según esta tendencia, para el 2050 estará entre los más longevos del mundo.
A lo anterior se une el ascenso de la esperanza de vida de los cubanos a partir de los 60 años y la expectativa de vida de las personas que cumplen 75 años es mayor a 10 años. Son los resultados de un cuidadoso y profundo sistema de salud que cubre gratuitamente a todos por igual y la mejoría de la calidad de vida.
La trascendencia de estas medidas y su impacto en la sociedad, no sólo tienen su valor en números ni en el lugar preferente que ocupa el presupuesto destinado por el Estado cubano para la seguridad social, sino también en el reconocimiento a quienes en su vida laboral aportaron su sudor y esfuerzo a la sociedad, y que en un buen porcentaje percibían pensiones de cuantía inferior.
Una vez más, la Revolución cubana muestra su defensa intransigente de la justicia, de los derechos más elementales y el absoluto respeto por el ser humano.
Derecho humano cotidiano: las vacaciones anuales pagadas
De sol y playa, por los campos de la niñez, caminante por añejas calles de la ciudad, o simplemente en el balcón de la casa, leyendo el último libro comprado en la Feria, o arreglando el jardín para que esté más bonito…
¿Quién se atreve a negarle un mes de vacaciones pagadas a cualquier trabajador cubano tras haber trabajado once meses?
Este es un derecho conquistado por las luchas obreras, pero sólo llevado al ejercicio cotidiano por todos los trabajadores a partir del enero victorioso de 1959, porque cómo tendrían vacaciones aquellos que cabizbajos iban calle arriba y trillo abajo porque ni siquiera tenían acceso al trabajo o los miles de trabajadores agrícolas expoliados por los latifundistas o las domésticas principalmente para las de “para todo” que veían transcurrir soles y lunas sin descanso.
Por mandato constitucional “Todo el que trabaja tiene derecho al descanso, que se garantiza por la jornada laboral de ocho horas, el descanso semanal y las vacaciones anuales pagadas. El Estado fomenta el desarrollo de instalaciones y planes vacacionales.”
El Código de Trabajo, Ley No. 49, ordena cómo ejercitar este derecho: “Las vacaciones pagadas comienzan a disfrutarse en día laborable. La administración de la entidad laboral no puede disponer su inicio en días de conmemoración nacional, feriados, ni el día de la semana que le corresponde descansar al trabajador.
El pago de las vacaciones tiene que efectuarse antes del último día de trabajo anterior al comienzo de su disfrute.”
La peculiaridad de Cuba es que el tiempo de vacaciones es proporcional al tiempo laborado y no requiere antigüedad por años de servicios para su disfrute, lo cual no resulta igual para trabajadores de otros países. Sea un joven recién graduado o un trabajador al borde de su jubilación, si han laborado once meses, un mes de asueto les corresponde.
Algunas personas señalan al respecto que esa carencia de días de vacaciones en otros sitios, se compensan con días feriados, pero estos por igual los tenemos: son siete días. Y que en determinados países la jornada tiene menor cantidad de horas. Todo ello resulta cierto en algunos países del primer mundo y para eso, no en todas las ocupaciones ni sectores.
No puede hablarse igual con respecto a las naciones golpeadas por el neoliberalismo con su estela de desregulación del Derecho Laboral.
Tenemos para el disfrute del derecho sus instrumentos: las facilidades que el Estado brinda para las vacaciones, a través de las instalaciones del Campismo Popular, los planes vacacionales en playas y sitios turísticos promovidos por la CTC y los sindicatos, la propia gestión de organización de espacios para esparcimiento útil por las organizaciones juveniles y de masas.
Cada día de cada mes, no sólo en julio o diciembre, es muestra de que vacaciones, tiempo libre y descanso son palabras usadas por los trabajadores en el momento que corresponde y de que en Cuba la ley no es letra muerta ni pasto para polillas, el artículo 24 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos: “Toda persona tiene derecho al descanso, al disfrute del tiempo libre, a una limitación razonable de la duración del trabajo y a vacaciones periódicas pagadas”.
¿Quién se atreve a negarle un mes de vacaciones pagadas a cualquier trabajador cubano tras haber trabajado once meses?
Este es un derecho conquistado por las luchas obreras, pero sólo llevado al ejercicio cotidiano por todos los trabajadores a partir del enero victorioso de 1959, porque cómo tendrían vacaciones aquellos que cabizbajos iban calle arriba y trillo abajo porque ni siquiera tenían acceso al trabajo o los miles de trabajadores agrícolas expoliados por los latifundistas o las domésticas principalmente para las de “para todo” que veían transcurrir soles y lunas sin descanso.
Por mandato constitucional “Todo el que trabaja tiene derecho al descanso, que se garantiza por la jornada laboral de ocho horas, el descanso semanal y las vacaciones anuales pagadas. El Estado fomenta el desarrollo de instalaciones y planes vacacionales.”
El Código de Trabajo, Ley No. 49, ordena cómo ejercitar este derecho: “Las vacaciones pagadas comienzan a disfrutarse en día laborable. La administración de la entidad laboral no puede disponer su inicio en días de conmemoración nacional, feriados, ni el día de la semana que le corresponde descansar al trabajador.
El pago de las vacaciones tiene que efectuarse antes del último día de trabajo anterior al comienzo de su disfrute.”
La peculiaridad de Cuba es que el tiempo de vacaciones es proporcional al tiempo laborado y no requiere antigüedad por años de servicios para su disfrute, lo cual no resulta igual para trabajadores de otros países. Sea un joven recién graduado o un trabajador al borde de su jubilación, si han laborado once meses, un mes de asueto les corresponde.
Algunas personas señalan al respecto que esa carencia de días de vacaciones en otros sitios, se compensan con días feriados, pero estos por igual los tenemos: son siete días. Y que en determinados países la jornada tiene menor cantidad de horas. Todo ello resulta cierto en algunos países del primer mundo y para eso, no en todas las ocupaciones ni sectores.
No puede hablarse igual con respecto a las naciones golpeadas por el neoliberalismo con su estela de desregulación del Derecho Laboral.
Tenemos para el disfrute del derecho sus instrumentos: las facilidades que el Estado brinda para las vacaciones, a través de las instalaciones del Campismo Popular, los planes vacacionales en playas y sitios turísticos promovidos por la CTC y los sindicatos, la propia gestión de organización de espacios para esparcimiento útil por las organizaciones juveniles y de masas.
Cada día de cada mes, no sólo en julio o diciembre, es muestra de que vacaciones, tiempo libre y descanso son palabras usadas por los trabajadores en el momento que corresponde y de que en Cuba la ley no es letra muerta ni pasto para polillas, el artículo 24 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos: “Toda persona tiene derecho al descanso, al disfrute del tiempo libre, a una limitación razonable de la duración del trabajo y a vacaciones periódicas pagadas”.
11/04/2005 14:26 Enlace permanente. Hay 1 comentario.
Elecciones cubanas: receta autóctona
Las elecciones cubanas concluyeron con un saldo muy efectivo. Todos en mayoría fuimos a las urnas, votamos por quienes escogimos e incluso, libremente, participamos en el conteo de los votos y vimos a quienes seleccionamos, sin tensiones, en un domingo que más parecía de fiesta que de comicios.
Digo de fiesta, porque fue la ocasión para que muchos vecinos se reencontraran, tras días de labor incesante a diversas horas, o con los jóvenes en sus clases.
Acudir a votar, ya una tradición, puede ser en pareja, unidos de las manos; en familia, como miles lo hicieron; o en solitario, a veces hasta con piropos como le ocurrió a una joven vecina.
De esta jornada tengo grata impresión y dejo a mi colega y amigo Franciso Rodríguez Cruz, su certera valoración, que escogí del periódico Trabajadores:
Lo que sucedió este domingo no fue una casualidad: La asistencia masiva de la población a los colegios electorales para ejercer su derecho al voto, la disciplina, el orden, la solemnidad de los pioneros en la custodia de las urnas, el funcionamiento preciso de ese mecanismo de relojería en que podemos convertirnos los cubanos cuando llega la hora necesaria.
Luego vendrán los números exactos de los comicios y su análisis en detalle. No obstante, es posible ya hacer algunas consideraciones generales sobre estas elecciones de los delegados a las asambleas municipales del Poder Popular. Lo primero es que su éxito no lo duda nadie en Cuba, porque todos fuimos protagonistas y testigos a la vez.
Fue un proceso electoral cualitativamente superior a los anteriores, en todos los sentidos. Esta afirmación tal vez no sea tan fácil de apreciar para aquel elector cuya única, aunque muy valiosa participación, fue optar ayer por uno de los candidatos a delegados en su circunscripción y depositar la boleta con su voluntad individual, pero es evidente para quienes estuvimos desde el inicio al tanto de los preparativos.
Cada elección en nuestro país es un paso adelante en el perfeccionamiento de un modelo democrático original y sin referentes en el mundo. Somos como el atleta en solitario que intenta superar sus propias marcas. El objetivo es hacer cada vez más del voto un acto consciente, una oportunidad para reforzar un civismo auténtico, con individuos que escogen no solamente a sus representantes, sino que apoyan con conocimiento de causa el sistema político que los hace más plenos.
Y con ese propósito hubo novedades notables en este ejercicio electoral. Las audiencias públicas, por ejemplo, que organizaron el Parlamento y las asambleas provinciales y municipales a lo largo de toda la Isla fueron trascendentes momentos de reflexión, que permitieron acercar a la opinión pública las bases jurídicas del sistema electoral cubano, sus particularidades teóricas y prácticas.
Gran importancia tuvieron también los barrio – debates en nuestras cuadras y centros de trabajo que, entre otros aportes, rescataron para la memoria colectiva las vivencias traumáticas de padres y abuelos en las farsas electorales del capitalismo.
Para un crítico esas miradas al pasado podrían parecer reiteración, pero ese anecdotario prolijo en arbitrariedades y desmanes lo necesita toda una generación que nació y vivió con la Revolución, y que para entender y apreciar necesita inexorablemente no olvidar, aquello que no vivieron como experiencia propia.
Durante los últimos días que precedieron a este 17 de abril tuvimos la oportunidad, también por primera vez en este tipo de elecciones parciales, de reunirnos entre vecinos para escuchar las biografías de los candidatos a delegados, breve pero muy útil contacto que a muchos facilitó su decisión personal sobre cuál era la mejor opción para la comunidad, entre tanta mujer y hombre valiosos.
Hay otros aspectos sobresalientes en estas elecciones, que marcan los avances de la sociedad cubana en otros terrenos de no menor significación, y pienso, en particular, en el empleo de la informática y las nuevas tecnologías de la comunicación, en la organización y aseguramiento de los comicios.
La confección de los registros de electores, las estadísticas en tiempo real del comportamiento de las asambleas de nominación y, como momento cumbre, el desempeño ayer de todo el sistema de información y procesamiento de los datos acerca de la marcha de las votaciones, dan una idea clara de la modernidad de las herramientas con que contamos, y sobre todo de la relación directa entre la elevación del nivel cultural de la población cubana y los beneficios prácticos que ello reporta al mejoramiento de nuestro socialismo.
La Constitución, la Ley Electoral, el sistema político cubano y su perfeccionamiento constante, expresan la decisión de independencia de un pueblo que tiene en el socialismo la única vía posible de triunfo para sus esperanzas y sueños de progreso y justicia, ante las apetencias seculares de un imperio voraz que hoy más que nunca pretende doblegarnos. Por eso votamos ayer, por el futuro de nuestros hijos.
Digo de fiesta, porque fue la ocasión para que muchos vecinos se reencontraran, tras días de labor incesante a diversas horas, o con los jóvenes en sus clases.
Acudir a votar, ya una tradición, puede ser en pareja, unidos de las manos; en familia, como miles lo hicieron; o en solitario, a veces hasta con piropos como le ocurrió a una joven vecina.
De esta jornada tengo grata impresión y dejo a mi colega y amigo Franciso Rodríguez Cruz, su certera valoración, que escogí del periódico Trabajadores:
Lo que sucedió este domingo no fue una casualidad: La asistencia masiva de la población a los colegios electorales para ejercer su derecho al voto, la disciplina, el orden, la solemnidad de los pioneros en la custodia de las urnas, el funcionamiento preciso de ese mecanismo de relojería en que podemos convertirnos los cubanos cuando llega la hora necesaria.
Luego vendrán los números exactos de los comicios y su análisis en detalle. No obstante, es posible ya hacer algunas consideraciones generales sobre estas elecciones de los delegados a las asambleas municipales del Poder Popular. Lo primero es que su éxito no lo duda nadie en Cuba, porque todos fuimos protagonistas y testigos a la vez.
Fue un proceso electoral cualitativamente superior a los anteriores, en todos los sentidos. Esta afirmación tal vez no sea tan fácil de apreciar para aquel elector cuya única, aunque muy valiosa participación, fue optar ayer por uno de los candidatos a delegados en su circunscripción y depositar la boleta con su voluntad individual, pero es evidente para quienes estuvimos desde el inicio al tanto de los preparativos.
Cada elección en nuestro país es un paso adelante en el perfeccionamiento de un modelo democrático original y sin referentes en el mundo. Somos como el atleta en solitario que intenta superar sus propias marcas. El objetivo es hacer cada vez más del voto un acto consciente, una oportunidad para reforzar un civismo auténtico, con individuos que escogen no solamente a sus representantes, sino que apoyan con conocimiento de causa el sistema político que los hace más plenos.
Y con ese propósito hubo novedades notables en este ejercicio electoral. Las audiencias públicas, por ejemplo, que organizaron el Parlamento y las asambleas provinciales y municipales a lo largo de toda la Isla fueron trascendentes momentos de reflexión, que permitieron acercar a la opinión pública las bases jurídicas del sistema electoral cubano, sus particularidades teóricas y prácticas.
Gran importancia tuvieron también los barrio – debates en nuestras cuadras y centros de trabajo que, entre otros aportes, rescataron para la memoria colectiva las vivencias traumáticas de padres y abuelos en las farsas electorales del capitalismo.
Para un crítico esas miradas al pasado podrían parecer reiteración, pero ese anecdotario prolijo en arbitrariedades y desmanes lo necesita toda una generación que nació y vivió con la Revolución, y que para entender y apreciar necesita inexorablemente no olvidar, aquello que no vivieron como experiencia propia.
Durante los últimos días que precedieron a este 17 de abril tuvimos la oportunidad, también por primera vez en este tipo de elecciones parciales, de reunirnos entre vecinos para escuchar las biografías de los candidatos a delegados, breve pero muy útil contacto que a muchos facilitó su decisión personal sobre cuál era la mejor opción para la comunidad, entre tanta mujer y hombre valiosos.
Hay otros aspectos sobresalientes en estas elecciones, que marcan los avances de la sociedad cubana en otros terrenos de no menor significación, y pienso, en particular, en el empleo de la informática y las nuevas tecnologías de la comunicación, en la organización y aseguramiento de los comicios.
La confección de los registros de electores, las estadísticas en tiempo real del comportamiento de las asambleas de nominación y, como momento cumbre, el desempeño ayer de todo el sistema de información y procesamiento de los datos acerca de la marcha de las votaciones, dan una idea clara de la modernidad de las herramientas con que contamos, y sobre todo de la relación directa entre la elevación del nivel cultural de la población cubana y los beneficios prácticos que ello reporta al mejoramiento de nuestro socialismo.
La Constitución, la Ley Electoral, el sistema político cubano y su perfeccionamiento constante, expresan la decisión de independencia de un pueblo que tiene en el socialismo la única vía posible de triunfo para sus esperanzas y sueños de progreso y justicia, ante las apetencias seculares de un imperio voraz que hoy más que nunca pretende doblegarnos. Por eso votamos ayer, por el futuro de nuestros hijos.
