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Elecciones cubanas: receta autóctona

Las elecciones cubanas concluyeron con un saldo muy efectivo. Todos en mayoría fuimos a las urnas, votamos por quienes escogimos e incluso, libremente, participamos en el conteo de los votos y vimos a quienes seleccionamos, sin tensiones, en un domingo que más parecía de fiesta que de comicios.
Digo de fiesta, porque fue la ocasión para que muchos vecinos se reencontraran, tras días de labor incesante a diversas horas, o con los jóvenes en sus clases.
Acudir a votar, ya una tradición, puede ser en pareja, unidos de las manos; en familia, como miles lo hicieron; o en solitario, a veces hasta con piropos como le ocurrió a una joven vecina.
De esta jornada tengo grata impresión y dejo a mi colega y amigo Franciso Rodríguez Cruz, su certera valoración, que escogí del periódico Trabajadores:

Lo que sucedió este domingo no fue una casualidad: La asistencia masiva de la población a los colegios electorales para ejercer su derecho al voto, la disciplina, el orden, la solemnidad de los pioneros en la custodia de las urnas, el funcionamiento preciso de ese mecanismo de relojería en que podemos convertirnos los cubanos cuando llega la hora necesaria.

Luego vendrán los números exactos de los comicios y su análisis en detalle. No obstante, es posible ya hacer algunas consideraciones generales sobre estas elecciones de los delegados a las asambleas municipales del Poder Popular. Lo primero es que su éxito no lo duda nadie en Cuba, porque todos fuimos protagonistas y testigos a la vez.

Fue un proceso electoral cualitativamente superior a los anteriores, en todos los sentidos. Esta afirmación tal vez no sea tan fácil de apreciar para aquel elector cuya única, aunque muy valiosa participación, fue optar ayer por uno de los candidatos a delegados en su circunscripción y depositar la boleta con su voluntad individual, pero es evidente para quienes estuvimos desde el inicio al tanto de los preparativos.

Cada elección en nuestro país es un paso adelante en el perfeccionamiento de un modelo democrático original y sin referentes en el mundo. Somos como el atleta en solitario que intenta superar sus propias marcas. El objetivo es hacer cada vez más del voto un acto consciente, una oportunidad para reforzar un civismo auténtico, con individuos que escogen no solamente a sus representantes, sino que apoyan con conocimiento de causa el sistema político que los hace más plenos.

Y con ese propósito hubo novedades notables en este ejercicio electoral. Las audiencias públicas, por ejemplo, que organizaron el Parlamento y las asambleas provinciales y municipales a lo largo de toda la Isla fueron trascendentes momentos de reflexión, que permitieron acercar a la opinión pública las bases jurídicas del sistema electoral cubano, sus particularidades teóricas y prácticas.

Gran importancia tuvieron también los barrio – debates en nuestras cuadras y centros de trabajo que, entre otros aportes, rescataron para la memoria colectiva las vivencias traumáticas de padres y abuelos en las farsas electorales del capitalismo.

Para un crítico esas miradas al pasado podrían parecer reiteración, pero ese anecdotario prolijo en arbitrariedades y desmanes lo necesita toda una generación que nació y vivió con la Revolución, y que para entender y apreciar necesita inexorablemente no olvidar, aquello que no vivieron como experiencia propia.

Durante los últimos días que precedieron a este 17 de abril tuvimos la oportunidad, también por primera vez en este tipo de elecciones parciales, de reunirnos entre vecinos para escuchar las biografías de los candidatos a delegados, breve pero muy útil contacto que a muchos facilitó su decisión personal sobre cuál era la mejor opción para la comunidad, entre tanta mujer y hombre valiosos.

Hay otros aspectos sobresalientes en estas elecciones, que marcan los avances de la sociedad cubana en otros terrenos de no menor significación, y pienso, en particular, en el empleo de la informática y las nuevas tecnologías de la comunicación, en la organización y aseguramiento de los comicios.

La confección de los registros de electores, las estadísticas en tiempo real del comportamiento de las asambleas de nominación y, como momento cumbre, el desempeño ayer de todo el sistema de información y procesamiento de los datos acerca de la marcha de las votaciones, dan una idea clara de la modernidad de las herramientas con que contamos, y sobre todo de la relación directa entre la elevación del nivel cultural de la población cubana y los beneficios prácticos que ello reporta al mejoramiento de nuestro socialismo.

La Constitución, la Ley Electoral, el sistema político cubano y su perfeccionamiento constante, expresan la decisión de independencia de un pueblo que tiene en el socialismo la única vía posible de triunfo para sus esperanzas y sueños de progreso y justicia, ante las apetencias seculares de un imperio voraz que hoy más que nunca pretende doblegarnos. Por eso votamos ayer, por el futuro de nuestros hijos.
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